Y el sueño se hizo realidad

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Te mostramos la segunda y última parte de análisis del primer título internacional logrado por Andes Talleres. Los detalles de la semifinal, la final y la consagración.

IGNACIO SAMPEDRO

Estadio lleno para el partido más difícil del torneo. Talleres soñó con un triunfo y lo logró, uno de los protagonistas del encuentro fue la dupla arbitral repartiendo tarjetas azules a diestra y siniestra. En el mano a mano salió mejor el elenco mendocino, ya que Itapúa perdió la base de su equipo, dos de los tres jugadores profesionales afuera antes de los 10 minutos del primer tiempo.

Talleres perdió a Koltes pero supo jugar el encuentro. Con un Giordanino inspiradísimo el equipo de Robledo supo que tenía LA CHANCE de meterse en la final y tomarse revancha. Creció también la figura excluyente de Federico Pérez , el mejor arquero del torneo. Rodrigo Martínez anuló mientras estuvo en cancha a Mescolatti y Talleres se puso 3 a 1.

Sin embargo el poste se fue descalificado. El Chelo creció, el conjunto misionero se acercó a un gol, y con la soga al cuello el Matador se metió a la final. Fue el partido soñado, David derrotó a Goliat, aprovechó la circunstancias, tuvo mayor recambió, y terminó cerrando el partido con el futuro del club en Juan Pablo Villodas, Matías Ghiotti, con el aplomo de Maximiliano Ponce y Villodas. 

 

Llegó el gran día para el futsal mendocino y su represante, el histórico Matador. La final fue pareja, Cerro Corá tampoco estaba en los planes de nadie pero dejó afuera a Unasur. Talleres tenía la gran oportunidad, y el traje de héroe le tocaba a Koltes que anotó los dos goles para ganar el partido 2 a 1 El azulgrana terminó de escribir su cuento con Mayúsculas. Doce obreros que dejaron todo para conseguir el objetivo.

Desde la espectacularidad solvencia de Federico Pérez en el arco, la voluntad y calidad de Luvello para atajar cuando le tocó frente al gigante Unasur. El aporte de Ciotti, Ponce y De Gaetano para cumplir cuándo les toco estar en cancha marcando con dientes apretados.

El desparpajo total de Villodas y Ghiotti dos jóvenes con mucho futuro, que entraron a romper paradigmas en la semifinal. Pasando por la calidad técnica individual de un Moto Giordanino que, en el pie a pie es, uno de los mejores jugadores de Sudamérica. Con un pívot descomunal cómo Martín Páez, que se bancó a jugadores durísimos y tuvo tiempo para divertirse con caños y gambetas dentro de la cancha.

 

 

Un protagonista de lujo cómo Diego Koltes que se recibió cómo el jugador que sabe cómo jugar las finales. Dejando para el final a las dos figuras de Talleres por experiencia y marca. Primero Rodrigo Martínez que pese a las lesiones jugó los mejores cinco días de su vida, defendiendo cómo un león y “equivocándose” seguido en el área de enfrente haciendo goles importantes.

Y el eterno y enorme Pablo Garay, símbolo matador. Un hombre que soñó con poder consagrarse y levantar la copa frente a su público y lo revalidó en la cancha leyendo el juego cómo sólo un crack puede hacerlo. Siendo un técnico dentro de la cancha potenciando a sus compañeros pese a estar en una pierna. Todos ellos dirigidos bajo la batuta del Negro Robledo que supo leer cada partido y establecer una estrategia para cada uno de los jugadores. 

Salud Matador, este sueño es real, es tuyo y es tiempo para disfrutarlo. A medida que pasen los años esta proeza, irá creciendo hasta recordarla como una de las mayores hazañas del futsal mendocino.

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